Érase una vez una niña de nueve arios. Tocaba el piano, y lo tocaba bien. Tenía amigos, aunque pasaba horas enteras tocando el piano mientras sus amigos se divertían jugando a la gallinita ciega o al escondite. También tenía amigos en el conservatorio. Un día se convocó un concurso para pianistas jóvenes. La madre de la niña estaba enferma y el padre se encontraba de viaje. Sus compañeros y las madres de los otros niños estuvieron muy cariñosos con ella, antes del concurso y durante el mismo. Había gran expectación. Anunciaron el nombre del ganador del tercer premio y a continuación el del segundo premio. Los niños, en grupo, se miraban unos
a otros, tensos. Sus madres los acariciaban. Entonces se anunció el primer premio.
Nuestra niña se levantó, se dirigió confusa al podio y recibió el premio. Al darse la vuelta, miró al público y buscó una pareja de ojos con la que poder compartir su alegría y sorpresa, pero no encontró ninguna. Los amigos miraban al suelo, las madres, de repente, apretaban los labios. La niña bajó y se dirigió hacia donde estaban sus amigos, pero éstos hacían corrillos entre ellos y no la hicieron caso. Ya no era una de ellos. La niña se entristeció y empezó a odiar el premio que la marginaba. ¿Por qué me han dado el premio?, se preguntaba, ¿para qué lo necesito? La niña se sentía muy sola y así permaneció durante mucho tiempo.

Este libro está destinado a los superdotados y a los que los rodean para darles fuerzas, de forma que tengan el valor de llevar a la práctica sus capacidades, y al mismo tiempo, para poder evitar la soledad de nuestra pequeña pianista. Padres y profesores, que en gran medida crean el ambiente en que se mueven los jóvenes superdotados, pueden ver en este libro lo importante que es su participación en el desarrollo de las capacidades de sus hijos y alumnos.

 

 

 

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